Arquitectura islámica

Entre los edificios más representativos del arte islámico encontramos los palacios, las mezquitas, las madrasas, el caravasar (donde pernoctan los peregrinos y comerciantes), los mausoleos y los baños. Las mezquitas tienen su origen en la primera casa de Mahoma, a la que replican en diseño y forma. Son un lugar de encuentro básico y de rezo, aunque no es el lugar de residencia del dios Alá ni nada por el estilo (a la manera de los templos griegos), sino únicamente un lugar dedicado a la oración (no al culto como las iglesias cristianas) los viernes. De este modo, obedece a tal necesidad. También en las mezquitas se impartía antaño justicia y era tanto la residencia para el peregrino como la escuela. 

Se dividen principalmente en dos partes: el haram, o la parte cubierta, el espacio cerrado, y el sahn, el espacio abierto, un patio rodeado por una arquería. El sabil, situado en el sahn, es una fuente donde los feligreses realizan las sagradas abluciones. Por otro lado tenemos el alminar o minarete que tanto problemón está causando en Suiza, que puede tener plantas de distintas formas (circulares, cuadradas…) y sirve para que el almuecín o imán llame a la oración.

La quibla es la pared de la mezquita dirigida en dirección a la Meca. Allí se encuentra el mihrab, una pequeña capilla o ábside que indica dónde está la quibla. Además de ser la parte más decorada, tiene como función que el almuecín se meta ahí y su voz se amplifique, aunque hoy en día todo cristo tiene micrófono. El mimbar es una estructura que permite al califa o a los jueces ponerse a mayor altura.

El suelo de las mezquitas se tiñó muchas veces de sangre. Los frecuentes asesinatos de políticos obligaron a crear un espacio ricamente decorado sólo para califas y gente de la jet set, la maqsura.

Las características generales de la arquitectura islámica se podrían resumir como sigue: la arquitectura islámica es la síntesis de elementos tomados por los guerreros musulmanes en expansión de todos los sitios que van conquistando: el arte visigodo, la tradición helenística, Persia, los beduinos, los bizantinos, etc. Como materiales se usa el ladrillo y la mampostería (materiales pobres, normalmente), madera y yeso para la decoración. Predominan las plantas rectangulares sin gran altura (no hay colosalismo), adaptándose así a la medida del hombre. Pilares y columnas destacan como elementos sustentantes, y estas últimas normalmente tienen capiteles simplificados de origen clásico. Hay gran variedad de arcos: de herradura, apuntados, polilobulados, mixtilíneos (bastante complejos). Están policromados y se hacen con fines decorativos y constructivos. El peraltado es más apuntado que el arco apuntado.

Las cubiertan son adinteladas, abovedadas (por influencia bizantina) y de cúpulas bulbosas (de procedencia persa), que son usadas con mucha profusión. La decoración tiene a esconder la pobreza de los elementos constructivos, es un velo que tapa la realidad con un manto de ilusión. Los interiores destacan por la variedad de sus materiales: yeso, azulejos, mármol, etc. El color es muy importante y se usan principalmente tres motivos decorativos: atauriques (figuras vegetales simplificadas), epigráfica (escritura en árabe con versículos del Corán y poemas con fines didácticos) y geométricos: esquematización de la naturaleza. También se emplean mocárabes o estalactitas de yeso con forma de prisma.

Es una arquitectura fundamentalmente urbana.

 

Esta entrada fue publicada en Arquitectura, Historia del arte, Historia en general y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *