Los etruscos y la inmortalidad

Fíjate bien en la imagen, contempla sus dos figuras humanas, sus gestos felices, su disposición y postura. Eran seres humanos reales y ahora están muertos, pero han conseguido lo que deseaban a toda costa: sobrevivir a través del tiempo.

¿Por qué hacemos esta reflexión ante una tumba decorada y repleta de las cenizas de los dos cónyuges? Porque lograron engañar a la Muerte. Los etruscos eran tan festivos y amantes de la vida que le tenían un terror bestial a todo lo muerto, lo inerte y lo tétrico. Cuando moría un señor o una señora del pueblo etrusco cavaban una especie de casa con todos los útiles tallados en piedra (armas, camas, herramientas), frescos que representaban banquetes y fiestas en las paredes, y a él mismo disfrutando de los placeres del mundo. ¿Qué se pretendía?

Los etruscos creían que la Muerte visitaba personalmente la morada de los mortales cuando les llegaba su hora. Pero eran tan pícaros que idearon una estrategema para ser inmortales: hacer creer a la Muerte que todavía vivían y que, por lo tanto, lo mejor sería que ésta pasara de largo. Y bueno, ahí están. Todavía sonriendo, eternamente.

Y esto nos hace pensar. La mayoría de la gente cree que la Historia es aburrida o que es una sucesión de fechas o batallas muy absurda, y tal como se suele explicar, tengo que darles la razón parcialmente. Sin embargo, hay otra Historia, la Historia real, de carne, hueso, sudor y vísceras. No son sólo “fechas” ni “sólo nombres”: fueron momentos de gloria o patetismo para miles o millones de personas. Fueron etruscos ataviados de joyas, y angustiados con desaparecer por siempre. Fueron niños que jugaban a lanzar piedras a los nidos de los pájaros en Etruria. Fueron vidas. Y están vivas gracias a sus reliquias y a nuestro entendimiento. Fueron como seremos nosotros mismos dentro de dos mil años. Y a ver si a nuestra civilización la recordará alguien.

La pareja de la tumba yace en cenizas. Pero sabemos cómo eran y lo que pensaban en gran medida. ¿Qué dirán de nosotros?

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