Países que no existen

Una afición muy marcada que tengo es leer libros de países o estados que ya no existen, ya sean del Imperio Romano o de la Unión Soviética. Ya sea la Eneida de Virgilio o algún manual soviético, leo y buceo en el contexto como un pez histórico. De algún modo u otro acabo encontrando piezas de literatura muy buenas que reflejan un optimismo casi guerrero. Por ejemplo, este fragmento de La Ciencia y la juventud:

“Es necesario:

Alargar la vida del hombre hasta una media de ciento cincuenta años a doscientos, acabar con las enfermedades infecciosas, reducir al mínimo las no infecciosas, vencer a la vejez y el cansancio, aprender a devolver la vida en los casos de muerte casual y prematura.

Colocar al servicio del hombre todas las fuerzas de la naturaleza, la energía del Sol y del viento y el calor del subsuelo; aplicar la energía atómica en la industria, los transportes y la construcción; aprender a hacer reservas de energía y a enviarla a cualquier lugar por procedimientos inalámbricos.

Prevenir y evitar definitivamente las consecuencias de las calamidades naturales: inundaciones, huracanes, erupciones volcánicas y sismos.

Fabricar todos los cuerpos que se conocen en la Tierra, hasta los más complejos -las albúminas- y otros que la naturaleza no posee: más duros que el diamante, más resistentes al calor que el ladrillo refractario, más resistentes a la fusión que el tungsteno y el osmio, más flexibles que la seda y más elásticos que el caucho.

Obtener nuevas razas de animales y variedades de plantas, que crezcan más deprisa, que den más carne, leche, lana, cereales, frutas, fibra y madera para las necesidades de la economía nacional.

Adaptar y asimilar para la vida zonas ahora improductivas como los pantanos, montañas, desiertos, la taiga, la tundra y, acaso, el fondo del mar.

Aprender a regir el tiempo, a regular el viento y la temperatura, de la misma manera que ahora se regulan los ríos, a desplazar las nubes y a disponer a voluntad de las lluvias y del sol, de la nieve y del calor.”

V. A. Obruchev. Moscú 1958.

Impacta, ¿verdad? Mientras algunos hacían avanzar la filosofía, las ciencias y las fuerzas productivas nosotros estábamos estancados en lo mismo de siempre. Arrastrando siempre toda la picaresca. Y esas cosas se iban desgranando allá lejos, en un país que ya no existe.
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