Crítica al anarcocapitalismo


XXV. Ocupaban [los piratas] con sus fuerzas todo el Mar Mediterráneo, de manera que estaban cortados e interrumpidos enteramente la navegación y el comercio. Esto fue la que obligó a los Romanos, que se veían turbados en sus acopios y temían una gran carestía, a enviar a Pompeyo a limpiar el mar de piratas.
Vidas Paralelas, Plutarco.

Hong Kong, según la Fundación Heritage, es la región del planeta líder en libertad económica, de comercio y en reducción fiscal. Muchos anarcocapitalistas ven o han visto tanto a Hong Kong como a Somalia como una especie de oasis de paz rodeados de terroríficos estados intervencionistas, aunque no sean “perfectos modelos de la ideal sociedad espontánea ancap”.

La realidad, esa destructora voraz de hipótesis, parece revelar históricamente todo lo contrario. Si en Roma hizo falta un Pompeyo que desalojara los mares de piratas para que floreciera el comercio mediterráneo de la época y las legiones fueron las indiscutibles constructoras de aquella “globalización” imperial con sus calzadas, puentes y proyectos de ingeniería y romanización cultural que hicieron fluir a raudales la mercancía del uno al otro confín, Hong Kong existe por la gracia de la República Popular China y sus tanques, que lo han determinado así en la doctrina de “Un país, dos sistemas”. En el documental “La Globalización es buena”, el economista sueco Johan Norberg afirma que Taiwán, un territorio rebelde chino, ha crecido desde sus inicios campesinos por su propia cuenta , pero lo cierto es que, si bien tiene razón en parte, debería considerar en su análisis la influencia y el apoyo constante que ha tenido desde Estados Unidos siendo visto como un elemento pivote hacia la amenaza china (hoy en día el gobierno taiwanés sigue comprando armas y renovando sus fuerzas armadas sin parar). Chiang Kai-shek fue el primer estadista de la isla y la gobernó con puño de hierro, considerándola el punto de partida para iniciar la reconquista del resto de la nación asiática, ya que creía que esa era la misión de los nacionalistas chinos expulsados por los maoístas en 1949 después de su convergencia puntual en la lucha contra el fascio japonés.

Parece interesante la ideología mesiánica en la que los anarcocapitalistas bucean, imbuidos en su individualismo metodológico (o sea, sólo tienen en cuenta a los individuos, no a las construcciones históricas, a los Estados o los grupos) e inmersos en ella proclaman que existe “una sociedad ideal acorde con la naturaleza humana (sic) a la que todavía no se ha podido llegar del todo por culpa del intervencionismo socialista mundial”. Contemplan en la Historia un circuito lineal con un desenlace utópico al acabar el túnel socialista, que llevará inevitablemente a un mundo espontáneo con gran parecido a Somalia, la desastrosa Somalia.

Porque no podemos irnos sin hablar de Somalia, esa tierra de piratas, de batallas tribales de clanes y señores de la guerra matándose entre sí por el control de sus cotos; cuartel de islamistas fanáticos, y en general de cualquier trapichero o comerciante de armas en negro que desee ser invisible. Aquí no hay Estado, no existe, y al presidente lo llaman “el alcalde de Mogasdicio”. Es, pues, el anarquismo real, hecho carne, la muestra empírica de lo que ocurre cuando no hay autoridad nacional en ninguna parte. ¿Es esto lo que desean los anarcocapitalistas? ¿O es el imperio austrohúngaro, fracasado, promotor de tensiones nacionalistas y polvorín de la Gran Guerra, convertido en su agonía en una pizza de nuevos países? ¿El salvaje oeste? ¿Cómo pudo ser el far west un ejemplo de orden espontáneo si su estabilidad se debía al exterminio de nativos y la guerra contra México, que se desplegó no en sostén de los intereses individuales, sino como plasmación del “destino manifiesto estadounidense” de expasión universalista de su ideología nacional por los territorios de más allá de Tejas? ¿No se basan estos teóricos, entonces, en algo que no existe? Y no ya sólo eso, sino que ellos mismos consideran a la economía (desde sus coordenadas) como una disciplina contrafactual en la que los hechos históricos importan un pimiento. Es decir, presuponen que están en lo correcto por la pura fuerza abstracta de sus papers .

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