La coronación de Isabel de Castilla

isabel catolica Cuando murió el rey Enrique, Isabel sabía que no tenía tiempo que perder. Se enteró de la fúnebre noticia antes de la noche del 12 de diciembre, ya rozando las Navidades. Aunque Fernando estaba en el reino vecino, la reina se vistió con prendas de sarga blanca para mantener regio luto. Al amanecer, Isabel se dirigió a la iglesia de San Miguel en Segovia, adornada con estandartes negros, por sugerencia de sus consejeros.

Allí se celebró una excepcional misa de réquiem y quizá la consorte derramó lágrimas por el monarca fallecido, pero no lo sabemos. Después del oficio de difuntos en memoria de Enrique, la reina hizo su presencia engalanada con ropajes dorados y más cargada de joyas que en una ferretería, y subió a una plataforma que se asomaba a lo alto de la Plaza Mayor de la villa y bajo el retumbar de los tambores, el grito de las trompetas y los clarines, los heraldos proclamaron a Isabel como la reina de Castilla, de “legítimo esposo Fernando”. Iniciando una solemne procesión, la recién coronada regente desfiló precedida por su confidente Gutierre de Cárdenas, el portador de la espada real que sujetaba con las dos manos por la punta para que todos la vieran y temieran, pues simbolizaba la facultad de castigar implacablemente a los culpables y los hombres de mal. Las familias castellanas reaccionarían ante todo ello, pero todavía es muy pronto. Isabel tenía todo un reino que domar.

Esta entrada fue publicada en Cristiandad, Edad de los Descubrimientos, Personaje. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *