Roma: filosofía de conquista: primera parte

Los romanos hicieron un Imperio gigantesco por accidente. Sí, como lo escucha señor: surgió en base a ataques preventivos para establecer la Pax Romana, la seguridad de las gentes y el desplazamiento del comercio. Fue poco a poco, con el curtido de los siglos, que se fue forjando la mentalidad bélica que adapta bien Virgilio en la Eneida. El “destino imperial” que movilizó los grupos primeramente campesinos (Roma en sus orígenes era una aldea en mitad de los inhóspitos pantanos del Tíber famosa por sus cultivos de nabos) a dejar los campos y alistarse permanentemente en el ejército pagados por dinero del erario público, que empujó a individuos heterodoxos de todas las naciones conquistadas a participar en ese gran proyecto común que respondía a nombre del Senado y el Pueblo de Roma (aunque fuera a título nominal cuando empezó la dinastía de emperadores). Todos querían ser romanos y muchas veces los rebeldes eran más bien escasos y harapientos. No es por nada que Roma titiló entre los siglos posteriores como un gobierno sólido, potente, bien organizado (no obstante el latín fue la lengua culta durante largo tiempo y en la República francesa se estableció el “consulado” de raíces romanas) donde cualquier estadista serio debía mirar.
Esta entrada fue publicada en Conquista, Ideologías, Imperio Romano, República Romana. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *