Crítica a Alejandro Magno y las Águilas de Roma: primera parte


“Ese cabrón tiene que morir.
-No hables así de él. Es Alejandro.
-Es mi esposo. Y tú eres su general y su amigo y te acabas de acostar conmigo. Otra vez.”

Así empieza una jugosa obra del escritor de ciencia ficción y fantasía madrileño Javier Negrete. Y os cuento una anédcota: yo conocí a este señor en un foro gracias a su primer libro: La Espada de Fuego. Lo conseguí en una librería y mientras lo llevaba a casa, mirando de vez en cuando la ilustrada portada con avidez, pensaba que a lo mejor sería un calco de El Señor de los Anillos, pero no. El filólogo tiene un estilo propio y serrano, incluye palabras malsonantes o propias de la jerga, decapitaciones y gusta de bañar a sus libros con el barniz oscuro del mundo, es realista como la vida misma y eso me encanta. Vale la pena sumergirse en las páginas de una novela descafeinada como también es Alejandro Magno y las Águilas de Roma, la primera ucronía del autor, esto es, la trama se basa en qué hubiera pasado si Alejandro no hubiese muerto tan joven en Babilonia, la capital de su Imperio Macedónico.

En cuanto supe por el mismo foro del advenimiento del libro ya me puse manos a la obra a la idea de intentar conseguirlo porque no todos los días se ve algo parecido: Negrete enfrenta a dos Imperios, uno ya veterano, el Helénico, y otro en ciernes como República: Roma. Y curiosamente son mis favoritos en la Antigüedad. Conoceremos a los romanos muy de cerca en la piel del médico Néstor, el hombre que salvó a Alejandro del veneno mortal de Roxana, que es un completo misterio; se desconoce su procedencia o nombre, aunque parece galo o vikingo. Se nos presentan los hijos de Rómulo como pertenecientes a una civilización ecléctica, afanosa y con gusto por recitar los nombres de sus ancestros, muy preocupados por el renombre y ascender en una jerarquizada pirámide, y también agresivos, prácticos y cumplidores inflexibles de la Ley. Los macedonios no se quedan atrás en su prepotencia pues una vieja guardia cree que su raza es simplemente superior a los bárbaros, tesis despreciada por la camarilla de Alejandro que preferían una fusión de culturas, un mestizaje que acabó disolviendo a los helénicos en el maremágnum asiático.

Continúa en la segunda parte.

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