Thomas Jefferson y la ciencia



“Prometo utilizar mis facultades críticas. Prometo desarrollar mi independencia de pensamiento. Prometo educarme para poder hacer mi propia valoración.”
Thomas Jefferson.

“We The People”.
Primeras palabras de la Constitución de EEUU.

Cuando Thomas Jefferson murió el 4 de julio de 1826, justo en el aniversario del día de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, todos los aristócratas, reyes y religiosos (en definitiva, el Antiguo Régimen) del mundo respiraron más aliviados. Allí se perdía ese hombre apasionado por ciencia y la crítica a casi todo en lo que posó sus ojos. Fue uno de los fundadores de la primera república burguesa del mundo, principal redactor de su texto político principal, a través del cual las trece colonias se unieron en su diversidad para siempre y fueron entonces los Estados Unidos de Norteamérica desde 1776. Así empezaba ese experimento político y social que inspiró a los franceses en 1789, con una gran paradoja, por cierto. El rey “sol” Luis XVI destinó gran parte de sus fondos para fomentar la revolución norteamericana y así fastidiar a Inglaterra por derrotarle contundentemente en la Guerra de Siete Años por las conquistas en las Indias. Y curiosamente ello dejó a la Corona francesa en la bancarrota, una de las causas objetivas de la Revolución francesa, también llamada Gran Revolución, que dejó al pueblo de las calles parisinas muerto de hambre.

Pero más allá de todo eso habría que destacar quiénes y mucho mejor: qué fueron los próceres de EEUU y en qué creían. Lo cierto es que la corriente naturalista e ilustrada burguesa de la época se reflejaba en estos peculiares republicanos que predicaban la libertad del hombre a los cuatro vientos. Thomas Paine, por ejemplo, ya puso en duda la literalidad de la Biblia, provocando dolores de cabeza a los que la usaban de libro de recetas, criticándola hasta rabiar. Y eso en el siglo XVIII era algo rompedor y genuino, (en la línea del resto de la Ilustración, como Voltaire) digno de admirar. Del mismo modo la relación de Jefferson con las ciencias fue brillante y muy personal; se caracterizó por dar con varios fósiles de seres arcaicos (algo que además desmontaría los seis mil años de antigüedad de la Tierra según la Biblia). Estaba en disposición de varios telescopios, amén de instrumentos exóticos para medir el mundo, e incluso se jactó de crear algunos totalmente inéditos. Usando la física del amado Newton inglés inventó un arado distinto a los de entonces, para mejorar el cultivo de la tierra y aumentar la producción. Así empezaba el camino de interés, en alas de la curiosidad, por la naturaleza y el universo en la joven nación que salía a la luz, pero se vería opacado tempranamente por el elitismo clasista y el despotismo contra los esclavos negros, eternamente excluidos, aunque ahora hay un mulato en la presidencia. Y es que, así como iguales son las moléculas de los gases, del mismo modo todas las gentes lo son, diría un optimista ilustrado imbuido en la Física y Química de la época. El destino, según Jefferson, le habría querido llevar a convertirle en un famoso científico, pero las circunstancias del azar y de la “Providencia” (como decían ellos) le hicieron revolucionario.

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