La conquista de América: armas de fuego



“Maravillábanse de ver comer y correr a los caballos. Temían el resplandor de las espadas. Caíanse en el suelo del golpe y estruendo que hacía la artillería, y pensaban que se hundía el cielo a truenos y rayos”.
Francisco López de Gómara, cronista de las Indias.

En América existía un cierto desfase en cuanto a la tecnología militar europea, de unos diez o veinte años. Así, cuando en todos los rincones alrededor del Mediterráneo la tradicional ballesta había pasado a mejor vida, todavía fue central en las Indias (sobre todo la ballesta metálica) hasta 1540.

Sería casi imposible (y también absurdo) indagar en la mente del azteca o el inca que viese por primera vez a un conquistador español, pero las reliquias históricas, los textos, nos dan algunas pistas: al principio pensaron que hombre y caballo eran un ser único, y así consta en los sacrificios de equinos, a los cuales decapitaban como si de humanos se tratara. Enfundados de hierro por completo y disparando “truenos”, deslumbrando con un metal totalmente desconocido para los nativos (sólo sabían del oro y el cobre), aterrorizaron tanto a los indios que Moctezuma llegó a creer (por muy breves momentos) que Cortés era el mismo Quezalcoátl, la Serpiente Emplumada.

Pero aquí no hablaré de la trilogía de armas clásicas hasta mediados del siglo XVI, a saber: la espada para tajar o trinchar, la pica para perforar y la ballesta para ensartar a lo lejos (como se ve en las ilustraciones contemporáneas); más bien se tratará el tema de la introducción, por parte de mercaderes privados como inversión por cierto (y no del Reino), de las ardientes y novísimas armas de fuego en los comandos americanos, cuyo sonido provocó que los incas llamaran a los hispanos “hijos del Dios Sol”, que poseen el rayo del Cielo. El factor miedo y la tendencia a superar la distancia y la potencia de los arcos amerindios hicieron del arcabuz de mecha una auténtica necesidad muy pronto. Resulta que muchos antiguos ballesteros del cuerpo fueron reconvertidos a tiradores con un poco de práctica y ejercicio, y algunos hasta acabaron siendo portentos del arte de disparar. Como arma poderosa, el arcabuz constituyó un avance respecto a la pistola (o a las espingardas que solicitó Cristóbal Colón a la Corona) , pues permitía apuntar al no tener que disparar desde el pecho. Disparando balas de plomo a más allá de cuatrocientos metros podía traspasar fácilmente las frágiles y ceremoniales armaduras de algodón de los mexicas, denominadas ixcahuipiles. Los rígidos protocolos aztecas, que le daban un aire teocrático a cada fase y preparación de la guerra, aceleraron bastante su caída, delatando las “sorpresas”. Obsesionados por conseguir víctimas vivas para sacrificarlas a sus sangrientas divinidades selváticas, esto es, prisioneros, daban prioridad a los golpes contundentes con sus macanas, porras con bordes de obsidiana y mango de madera, bastante básicas. También sufrieron derrotas por conglomerarse en grandes masas al aire libre esperando el combate, aunque luego aprenderían a tender emboscadas y a llevar una especie de “guerra de guerrillas” medieval.

La artillería bélica renacentista era bastante más sofisticada que cualquier tecnología anterior. De tamaño reducido, delgados y elegantes, los cañones del siglo XVI fueron llevados por España a América, tal y como narra Hernán Cortés, que tenía, posiblemente, culebrinas, “tres tiros gruesos de hierro y quince tiros de bronce”. Su aspecto épico quedó rememorado en el lago que rodeaba Tenochtitlán, en una batalla naval donde Cortés utilizó miniaturas de barcos con piezas de artillería encima para cañonear de manera invulnerable. El principal fallo era el gasto de pólvora (y lo complicada que era de conseguir en aquellos lares) y la movilidad, casi nula.

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4 respuestas a La conquista de América: armas de fuego

  1. juan dijo:

    esto es una pija yo dije q queria armas de los conquistadores de america para la profe de historia q me pidio

  2. a mi me gusta historia porque es interesante para a mi y estas armas de fuego son muy valiosas

  3. me gusta historia porque el tio de historia me mando una tarea

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