Guerreros de terracota


Un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma.”
Churchill sobre China.

El asombro del campesino chino (posiblemente llamado Chun Li o Li Chun, aunque lo desconocemos) que descubrió, junto a sus compañeros de oficio, un misterioso “foso” debió de ser mayúsculo. Lo primero: no era el pozo de agua que esperaba encontrar para soliviantar aquella durísima sequía del 74. Y es que no sabía, hasta entonces, que el primer emperador de todos los chinos, Qin Shi Huang, mandó a construir en sus lejanos días a sus fatigados obreros orientales más de siete mil figuras de soldados y caballos, todos diferentes, y con detalles dignos de miniaturas de Warhammer del más friqui, recreando al ejército que después de concederle la gloria en vida también le seguiría hasta la eternidad, a su mandato supremo. ¿Pensaría en conquistar el Cielo montado en un Dragón al lado de sus hombres?

Hace dos mil doscientos años que reposan, en la plena oscuridad del mundo y cobijados por la ignorancia pétrea, estos mudos vigilantes del tiempo. La arcilla horneada que se metamorfosea en el huracán térmico que supera los mil cuatrocientos grados para llegar a ser la dura y fúnebre terracota, marca su composición más básica, materializándose en figuras de armaduras precisas listas para el combate, de cuero y madera en la realidad, y dando forma y humanidad a unos rostros mostachudos terribles, de incontables etnias diversas (hoy en día, en China, se reconocen 56 etnias) y con expresiones de todo género, incluyendo sonrisas tipo Gioconda o muecas bravuconas. Por si no fuera poca parafernalia, también empuñaban sendas espadas o arcos, dependiendo del tipo de guerrero, espadín o arquero. Es algo de Capitán Obvio. La pena es que no podamos verlos tal y como eran (que diría Spilberg sobre su Parque Jurásico), es decir, con su colorido realista (y eso también nos pasa con el Partenón y sus antaño columnas y frisos fosforitos, azules y amarillos). El problema es que la oxidación, el cetrino manto de reliquia de la Historia y el monstruoso paso de las épocas causa efectos de tal calibre. A veces escuchamos que “los guerreros de terracota” vuelan por ésta o aquélla exposición mundial y cosas así. ¿Llevarán también a los sesenta y nueve supuestos jefes del Estado Mayor encontrados en un foso posterior? ¿Y a los dos carros ceremoniales? Si oyes por allí, viajero, un rumor semejante, no olvides visitar o al menos echar un vistacillo a este Patrimonio de la Humanidad y dejar un rato el Nintendo Wii aparcado.

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Una respuesta a Guerreros de terracota

  1. karla sepulveda dijo:

    muy buena reseña, me encanto su precision en el desarrollo del tema. despues de esto me quedo muy clara la historia.

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