Evergetas

Lo que hoy llamaríamos un filántropo en Roma era el evergeta, pero con fines tan oscuros como hoy en día: ganar dinero y títulos políticos siendo “generoso“. En la carestía todo mendrugo de pan era vital y allí estaban los evergetas para pagarlos y repartirlos entre el pueblo entre aplausos y vanaglorias (pan y circo decían). Además de carreras de caballos y cuádrigas, un arma muy potente para ganarse al populacho, sobre todo identificándose con uno de los “colores” de equipo (como ahora el Real Madrid y el F.C. Barcelona) y financiándolo rabiosamente “manque pierda”. Los evergetas tanto le regalaban a los pobres trigo así como a cualquier “acaudalado” que pasara por allí. Y 80.000 toneladas de trigo (lo mínimo para alimentar al “vulgo” de Roma) no se conseguían así como así, tenían que traerlas de cada rincón campesino del Imperio al plato de pan duro que te servían en una taberna cualquiera. Y cuando no llegaba el Estado romano no había problemas: ya llegarían los generosos evergetas dispuestos a donar parte de sus bienes por el Bien Común. Así se colgaban medallas para ascender en el jerarquizado tándem político romano.
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