El 11-S y sus conspiranoias: el misil del Pentágono



“La ciencia es el gran antídoto contra el veneno del entusiasmo y la superstición.
Adam Smith.

Si hubo un día que causó conmoción a nivel mundial en el siglo de la televisión y el retorno de las fantasías, en este siglo XXI, fue el 11 de septiembre. Todos lo sabemos y conocemos y sin duda lo enmarcaríamos en cualquier álbum de “días importantes”, si hubiera alguno. Como todo Imperio Universal, Estados Unidos tiene también sus leyendas negras y sus mitos, estimulados por la ingente caterva de enemigos que poseen a lo largo del planeta, vociferantes y quemando sus banderas estrelladas. Y así los islamistas, después de atacar Nueva York, Madrid y Londres en su yihad internacional, han conseguido su principal objetivo: hacer que la opinión pública sea favorable y ganarse al cliente occidentalizado, usando el relativismo cultural y el “toda cultura es igual”. Y controlando Indymedia, por ejemplo (una red alternativa financiada por Arabia Saudí) la tarea propagandística es más sencilla, la red es uno de los medios más usados para difundir las llamadas “conspiranoias”, clamando por ejemplo que en el Pentágono no se estrelló un avión (como sostiene la versión oficial) sino un misil. Es decir, se trataría de autoatentados que revelarían que los terroristas no existieron y que EEUU se autoatacó para provocar una guerra. Vamos, que se lanzaron un misil que bien podría llamarse “el chupinazo” a su propio edificio militar. Y en definitiva a Bush le interesaban las conspiranoias para encubrir sus propios errores, al fin y al cabo no pudo vislumbrar el ataque con su Inteligencia, ni evitarlo ni nada de nada. Pero sin embargo…

Las pruebas demuestran lo contrario. Y es que la realidad tiene la mala costumbre (sobre todo cuando vemos la tendencia expansiva islámica, la conquista de medio mundo en el siglo VIII y posteriores, los otomanos intentándolo luego y quedándose a las puertas de Viena, etc) de no llevarse bien con algunos postulados teóricos, y algunas “evidencias pequeñas” como fotografías o cajas negras de avión señalan ciertas pistas sobre qué ocurrió, detrás de los ríos de tinta de tantos y tan diversos mercenarios de la comunicación. Aquí expondremos algunas:

Restos de fuselaje del avión en el Pentágono:


Y en esta foto apreciamos algo que parece (muy mucho) otra pieza del aeroplano:


Posibles vestigios humeantes del motor del aparato, entre los escombros:


Gifito animado (espero que se anime, al menos) donde se aprecia claramente que lo captado por la cámara del Pentágono era un avión.

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